Los Asquerosos – Santiago Lorenzo La “Mochufa” al ataque

Lo reconozco, compré los Asquerosos por puro marketing. Por aquello de seguir Blackie Books por Instagram y poner los ojos como platos con cada post promocional sobre el autor (aún me cae la lagrimilla con la reseña/dedicatoria de la abuelita a Santiago Lorenzo*). Tras una primera lectura llena de “hype”, aquello me decepcionó un poco. Siempre es malo hacerse demasiadas expectativas. Sitúan el listón a alturas sencillamente inalcanzables.

Es por ello que dejé esta reseña para el reposo.

Cuatro semanas después tan solo puedo hablar maravillas sobre el libro. Es cierto que las penurias pronto se olvidan (podría dedicar la reseña entera a discutir sobre el léxico “peculiar” que utiliza la obra y su impacto sobre cada tipo de lector) y que como diría Yuri Harari, existen miles de experimentos sobre cómo la percepción humana del tiempo deforma la experiencia. Lo sé. Pero es igualmente cierto que Los Asquerosos es uno de esos libros, únicos en su especie, capaces de conquistarte una vez cerrados.

Por personajes. Por escenarios. Por simplicidad. Por aquella pulsión que todos anhelamos y que nunca logramos alcanzar. Por ser capaz de contar tanto con tan poco.


* La famosa reseña/dedicatoria

 

Dedicatoria Blackie Books

Dedicatoria Blackie Books

Serotonina – Houellebecq Abusando del “estatus” del escritor maldito

Un comentario antes que nada. Somos fans de Houellebecq. Bueno, más que fans la expresión correcta probablemente sea seguidores. Desde la sublime “Plataforma”, es probable que hayamos leído todo lo que ha publicado este denominado “enfant terrible” de las letras francesas. Y como lectores digamos que “instruidos” en la materia, nos duele hacer esta valoración. Pero las cosas son como son. Así que ahí va:

Serotonina es probablemente la peor novela de Houellebecq.

Y eso es mucho decir después de una “Sumisión”, que coincido con las malas lenguas, parecía un libro de encargo. Pero al menos era original. Serotonina es más de lo mismo de un autor al que ya nos conocemos sus vicios. Un libro plano, con una prosa horrible (creo que he leído un capítulo entero redactado sin un solo punto) y un aire de “hago lo que me da la gana porque vais a leer cualquier mierda que publique”.

Lo siento, pero esta vez no. Con la firma no va a ser suficiente.

Sobre el autor

Houellebecq es Houellebecq, lo sé. Un espécimen único en el mundo capaz como nadie de poner el dedo en la llaga del problema. De atacar directamente a la moral burguesa e indignar al más libertino de los lectores. En “Serotonina” lo intenta. Supongo que a los lectores enamorados con la obra – que no dudo que los habrá – les flipa su existencialismo. Su nada. Su depresión posmoderna a la que inevitablemente lleva el mundo occidental. Su fracaso.

A mí, me aburre.

Y si, ya sé que todo en el libro está escrito en una dirección. Su retrato de la depresión y bla, bla, bla. Prefiero al tío sin moral de la ya mencionada Plataforma que se folla a niñas tailandesas. La paranoia del Mapa y el Territorio. O incluso las consecuencias de las elecciones en Sumisión. Supongo que es cuestión de gustos.

Spoiler. Aunque visto con perspectiva, no creo que tuviera sentido con el desarrollo del personaje, yo hubiera matado al niño de un tiro en la cabeza. Puede que se hubiera cargado la novela, pero creo que el conjunto encajaría mejor con el conjunto de la obra del francés. Qué le vamos a hacer.

Y cierro con una cita del libro. Que, al fin y al cabo, es Houellebecq.

(…) los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado, en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada de la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento. (…)