Nemesis – Jo Nesbo Un paréntesis en la saga

Imagino a Nesbo firmando un contrato de tres libros tras presentar a su editor el manuscrito del Petirrojo. Comentando en pequeño comité el destino principal de sus personajes y perfilando el contenido de lo que debía ser cada libro de la saga. Me imagino un Nesbo metódico, ordenado y agradecido por tener la oportunidad de poder empezar a trabajar una historia sin la presión de tener que abandonar el barco por falta de ventas o de lectores.

Un Nesbo feliz frente al ordenador.

Desgranando cada detalle con minuciosidad. Cada día y cada dilema en la vida de su conocido detective. Y entonces una llamada. La del entrenador de fútbol regañado por el presidente. La de “o firmamos por cuatro temporadas o ya podemos buscar otro equipo”. La de “¿no podrías mirar de alargar un poco la historia para poder añadir un libro más a la saga?”. Supongo que así funciona el universo de los bestsellers.

Una historia simple
Y el resultado, como no podía ser de otra manera, es el de una historia demasiado simple. La de un paréntesis con los personajes principales en “stand by” y un bueno que tira de galones para construir un libro decente aunque no extraordinario.

Una historia llena de grandes dilemas que podremos leer en próximas entregas, donde lo único que destaca es el enésimo personaje femenino al que Nesbo -lo siento- tiene el detalle de no aniquilar.

Un suficiente literario. El trabajo de un buen escritor al que -maldito dinero- han conseguido cortar las alas.

pd. Por cierto, alguien debería empezar a regañar a Proa y demás editoriales revienta libros. Unas ciento veinte páginas tarda el lector a ponerse al día respecto al resumen de la contraportada. ¿No existe otra forma de vender un libro?

Carvalho: Problemas de identidad – Carlos Zanón Cuando el personaje supera a su creador

Antes de empezar esta reseña, quiero confesar un pequeño detalle: nunca he leído ninguna de las novelas originales del famoso detective Pepe Carvalho. Un dato curioso que puede que enturbie esta humilde crítica -donde no hay espacio para la comparación- pero que espero que sirva como dato objetivo para reconocer el trabajo de un Carlos Zanón al que descubro con esta novela.

Dicho esto, al lío: ¿qué nos ha parecido Problemas de identidad?

De entrada, un tópico. La típica historia de un personaje cliché que por lo de tópico resulta entretenida, pero que por lo de cliché acaba pasando sin pena de gloria. Un dinosaurio y su particular visión sobre el mundo. O, mejor dicho, su particular visión sobre la Barcelona contemporánea. Una visión trillada, pensada para satisfacer a la editorial y a una legión de fans a la que imagino demandando un más de lo mismo pero desde una nueva – y forzosa- pluma. ACDC y sus conciertos de temas clásicos compuestos por ex miembros de la banda. Y los aplausos de la prensa por haber resucitado al mito. Por articular un discurso tan políticamente correcto disfrazado de canallismo. Pobre Zanón.

Sobre el autor

O no tan pobre. Al fin y al cabo, su detective Carvalho puede que le funcione como la franquicia de Hollywood a la que el guionista, cansado de ser original, decide amoldarse para poder comer. Lo respeto. Es más, lo respeto mucho. En un negocio tan caprichoso como el de las letras, dar de comer a los tuyos es un auténtico mérito. Por lo que no descarto verlo en futuras aventuras dirigidas por la familia Montalván. Aunque para evaluarlo como autor, prometo dar una ojeada a su famoso “Taxi”.

Entretanto, me es imposible separar el encargo del encargado. Entender si los capítulos psicodélicos -y horribles- sobre las dudas metafísicas de Carvalho son imitación o novedad. Qué aporta cada elemento a esta complicada y simple ecuación. Y de donde sale el discurso prefabricado de su detective.

Aunque puede que este sea el verdadero problema de identidad que trata la novela: el del imitador forzado. El del equilibrio de fuerzas entre herederos, un departamento de marketing ávido de bestsellers y un tipo que tan solo quiere ganarse la vida haciendo lo que más le gusta: escribir.

Petirrojo – Jo Nesbo A la tercera va la vencida

Empecé las aventuras de Harry Hole con el Murciélago y me pareció una obra juvenil aunque leíble. Continué con Cucarachas e hice bueno aquello de las segundas partes nunca fueron buenas. Ya casi sin ánimos y bostezando me aventuré con el Petirrojo, la que es ya la tercera parte de las famosas aventuras del inspector noruego.

Y esta vez sí. Por fin, topé con un libro memorable.

Puede que exagere, es cierto. De hecho eso espero, puesto que me quedan nueve libros para acabar la saga. Hasta puede que memorable no sea precisamente el mejor adjetivo para describir la obra. Pero por primera vez tiene sentido utilizar la palabra literatura para referirse a la obra del famoso detective.

Los ingredientes
Oslo. Una historia (por primera vez) contada por alguien más que el propio Hole y la libertad de reinventarse a uno mismo. El Petirrojo es antetodo una novela histórica. Un relato de detectives que juega a ser novela negra para acabar explicando entrelíneas mucho sobre la realidad norte-europea.

Fuera morbo y corsés, Nesbo construye una novela (¡por fin!) adulta, cocinada a fuego lento en un ambiente que le es conocido, donde los personajes pueden ser ellos mismos sin necesidad de un guía turístico.

Una historia de nazis. De dolor, pérdida y humillaciones. Pero también de supervivientes. De heridas abiertas y cicatrices. Una historia libre, capaz de reescribir el futuro de una saga que parecía condenada -por más best seller que fuera- a la pura irrelevancia.

Bien Nesbo. Este es el camino

Cucarachas – Jo Nesbo Las segundas partes nunca fueron buenas

¿Qué es lo que le pasa a un escritor cuando copia palabra tras palabra la fórmula del éxito de su último libro? Pues que probablemente acabe publicando un libro parecido a Cucarachas. La segunda parada en la famosa saga del detective noruego Harry Hole que en esta ocasión traslada la acción a la siempre corrupta y decadente Tailandia. Un libro idéntico al ya reseñado Murciélagos, que simplemente cambia el montón de datos sobre Australia por otro montón de hechos verídicos sobre otro país exótico.

Hasta las muertes parecen copiadas.

Lo cual es decir mucho para lo que pretende ser la continuación de una novela negra de referencia.

Tailandia
Imagino a Jo Nesbo hablando con su grupo editor y sugiriéndoles aquello de “lo que vas a hacer es repetir Murciélagos pero metiéndole a la obra el morbo de Bangkok”. “Queremos abuso de menores. Mugre humana. El tipo de cosas que pueden escandalizar al público”. Y el bueno de Nesbo, cabizbajo, volando hasta Tailandia con gastos pagados y ganas de acabar el libro cuando antes.

Sin querer recordar que su detective pertenece a la policía de Oslo. Y que la fórmula de guía turístico + detective se agotó en el primer libro.

Un libro plano
Que Tailandia no es el paraíso para los tailandeses es algo que todos podemos imaginar. De hecho puede que el debate sobre si es mejor crecer en Pattaya como una menor al que un montón de europeos babosos se follen cada noche o hacerlo en Corea del Norte adorando a Kim Jong-un sea algo interesante. Pero no es algo que se plantee en este libro.

Datos, datos y más datos que Nesbo salva con cierta solvencia pero que poco aportan a la literatura mundial.

Por lo que la pregunta final es clara. Cucarachas es un libro ¿que se deja leer? Sí. Se trata de una obra plana, un matiz más para entender la personalidad del que esperamos sea un gran personaje pero nada más. Un libro del montón que fácilmente caería en el olvido sino fuera por sus apellidos.

Si quieren un buen libro sobre la realidad tailandesa busquen “Plataforma” de Houllebecq. No pierdan el tiempo con Cucarachas.