Los Asquerosos – Santiago Lorenzo La “Mochufa” al ataque

Lo reconozco, compré los Asquerosos por puro marketing. Por aquello de seguir Blackie Books por Instagram y poner los ojos como platos con cada post promocional sobre el autor (aún me cae la lagrimilla con la reseña/dedicatoria de la abuelita a Santiago Lorenzo*). Tras una primera lectura llena de “hype”, aquello me decepcionó un poco. Siempre es malo hacerse demasiadas expectativas. Sitúan el listón a alturas sencillamente inalcanzables.

Es por ello que dejé esta reseña para el reposo.

Cuatro semanas después tan solo puedo hablar maravillas sobre el libro. Es cierto que las penurias pronto se olvidan (podría dedicar la reseña entera a discutir sobre el léxico “peculiar” que utiliza la obra y su impacto sobre cada tipo de lector) y que como diría Yuri Harari, existen miles de experimentos sobre cómo la percepción humana del tiempo deforma la experiencia. Lo sé. Pero es igualmente cierto que Los Asquerosos es uno de esos libros, únicos en su especie, capaces de conquistarte una vez cerrados.

Por personajes. Por escenarios. Por simplicidad. Por aquella pulsión que todos anhelamos y que nunca logramos alcanzar. Por ser capaz de contar tanto con tan poco.


* La famosa reseña/dedicatoria

 

Dedicatoria Blackie Books

Dedicatoria Blackie Books

Carvalho: Problemas de identidad – Carlos Zanón Cuando el personaje supera a su creador

Antes de empezar esta reseña, quiero confesar un pequeño detalle: nunca he leído ninguna de las novelas originales del famoso detective Pepe Carvalho. Un dato curioso que puede que enturbie esta humilde crítica -donde no hay espacio para la comparación- pero que espero que sirva como dato objetivo para reconocer el trabajo de un Carlos Zanón al que descubro con esta novela.

Dicho esto, al lío: ¿qué nos ha parecido Problemas de identidad?

De entrada, un tópico. La típica historia de un personaje cliché que por lo de tópico resulta entretenida, pero que por lo de cliché acaba pasando sin pena de gloria. Un dinosaurio y su particular visión sobre el mundo. O, mejor dicho, su particular visión sobre la Barcelona contemporánea. Una visión trillada, pensada para satisfacer a la editorial y a una legión de fans a la que imagino demandando un más de lo mismo pero desde una nueva – y forzosa- pluma. ACDC y sus conciertos de temas clásicos compuestos por ex miembros de la banda. Y los aplausos de la prensa por haber resucitado al mito. Por articular un discurso tan políticamente correcto disfrazado de canallismo. Pobre Zanón.

Sobre el autor

O no tan pobre. Al fin y al cabo, su detective Carvalho puede que le funcione como la franquicia de Hollywood a la que el guionista, cansado de ser original, decide amoldarse para poder comer. Lo respeto. Es más, lo respeto mucho. En un negocio tan caprichoso como el de las letras, dar de comer a los tuyos es un auténtico mérito. Por lo que no descarto verlo en futuras aventuras dirigidas por la familia Montalván. Aunque para evaluarlo como autor, prometo dar una ojeada a su famoso “Taxi”.

Entretanto, me es imposible separar el encargo del encargado. Entender si los capítulos psicodélicos -y horribles- sobre las dudas metafísicas de Carvalho son imitación o novedad. Qué aporta cada elemento a esta complicada y simple ecuación. Y de donde sale el discurso prefabricado de su detective.

Aunque puede que este sea el verdadero problema de identidad que trata la novela: el del imitador forzado. El del equilibrio de fuerzas entre herederos, un departamento de marketing ávido de bestsellers y un tipo que tan solo quiere ganarse la vida haciendo lo que más le gusta: escribir.

Serotonina – Houellebecq Abusando del “estatus” del escritor maldito

Un comentario antes que nada. Somos fans de Houellebecq. Bueno, más que fans la expresión correcta probablemente sea seguidores. Desde la sublime “Plataforma”, es probable que hayamos leído todo lo que ha publicado este denominado “enfant terrible” de las letras francesas. Y como lectores digamos que “instruidos” en la materia, nos duele hacer esta valoración. Pero las cosas son como son. Así que ahí va:

Serotonina es probablemente la peor novela de Houellebecq.

Y eso es mucho decir después de una “Sumisión”, que coincido con las malas lenguas, parecía un libro de encargo. Pero al menos era original. Serotonina es más de lo mismo de un autor al que ya nos conocemos sus vicios. Un libro plano, con una prosa horrible (creo que he leído un capítulo entero redactado sin un solo punto) y un aire de “hago lo que me da la gana porque vais a leer cualquier mierda que publique”.

Lo siento, pero esta vez no. Con la firma no va a ser suficiente.

Sobre el autor

Houellebecq es Houellebecq, lo sé. Un espécimen único en el mundo capaz como nadie de poner el dedo en la llaga del problema. De atacar directamente a la moral burguesa e indignar al más libertino de los lectores. En “Serotonina” lo intenta. Supongo que a los lectores enamorados con la obra – que no dudo que los habrá – les flipa su existencialismo. Su nada. Su depresión posmoderna a la que inevitablemente lleva el mundo occidental. Su fracaso.

A mí, me aburre.

Y si, ya sé que todo en el libro está escrito en una dirección. Su retrato de la depresión y bla, bla, bla. Prefiero al tío sin moral de la ya mencionada Plataforma que se folla a niñas tailandesas. La paranoia del Mapa y el Territorio. O incluso las consecuencias de las elecciones en Sumisión. Supongo que es cuestión de gustos.

Spoiler. Aunque visto con perspectiva, no creo que tuviera sentido con el desarrollo del personaje, yo hubiera matado al niño de un tiro en la cabeza. Puede que se hubiera cargado la novela, pero creo que el conjunto encajaría mejor con el conjunto de la obra del francés. Qué le vamos a hacer.

Y cierro con una cita del libro. Que, al fin y al cabo, es Houellebecq.

(…) los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado, en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada de la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento. (…)

Homo Deus. Breve Historia del porvenir – Yuval Noah Harari Una mirada hacia delante

Homo Deus es un libro largo. De aquellos que por datos, detalles precisos y citas de autor se hacen prácticamente inacabables. Un libro que requiere de un esfuerzo. Que es capaz de monopolizar todas tus conversaciones y que, como su hermano menor Homo Sapiens, se vuelve imprescindible para el lector paciente.

Y lo es a base de preguntas. A base de teorías poco descabelladas nunca antes formuladas y a base de ciencia, mucha ciencia.

Su planteamiento simple: ¿Qué pasará con la humanidad dentro de un milenio? ¿Hacia dónde avanza nuestra sociedad? Y a partir de aquí, respuestas más o menos acertadas. Caminos transitables y puertas abiertas.

Punto de partida
Aunque el libro en sí resulte una delicia, Harari condensa todo lo necesario de su obra en un brillante primer capítulo (lector perezoso o falto de tiempo, no hay excusa).

En él – zona spoiler científico- identifica los tres principales problemas de la sociedad humana hasta nuestros días: las guerras, las enfermedades y las hambrunas. Se eleva a mil metros de distancia y, tras atreverse a darlos por resueltos, plantea los que serán los problemas humanos más importantes para el próximo milenio: la inmortalidad, la búsqueda de la felicidad y la incorporación de tecnología en el ADN del homo sapiens (Adiós viejo simio, hola Homo Deus!).

Con este punto de partida, construye un ensayo con mayúsculas, cuyo principal atractivo es el hecho de ser capaz de dejar todos los detalles de lado y empezar a pensar el futuro con una perspectiva completamente libre y sin ataduras. Imaginando un mundo a mil, dos mil o incluso cinco mil años vista.

Creando líneas maestras.

Hablando y teorizando sobre aquello que tenemos justo delante pero no nos atrevemos ni tan siquiera a imaginar.