Serotonina – Houellebecq Abusando del “estatus” del escritor maldito

Un comentario antes que nada. Somos fans de Houellebecq. Bueno, más que fans la expresión correcta probablemente sea seguidores. Desde la sublime “Plataforma”, es probable que hayamos leído todo lo que ha publicado este denominado “enfant terrible” de las letras francesas. Y como lectores digamos que “instruidos” en la materia, nos duele hacer esta valoración. Pero las cosas son como son. Así que ahí va:

Serotonina es probablemente la peor novela de Houellebecq.

Y eso es mucho decir después de una “Sumisión”, que coincido con las malas lenguas, parecía un libro de encargo. Pero al menos era original. Serotonina es más de lo mismo de un autor al que ya nos conocemos sus vicios. Un libro plano, con una prosa horrible (creo que he leído un capítulo entero redactado sin un solo punto) y un aire de “hago lo que me da la gana porque vais a leer cualquier mierda que publique”.

Lo siento, pero esta vez no. Con la firma no va a ser suficiente.

Sobre el autor

Houellebecq es Houellebecq, lo sé. Un espécimen único en el mundo capaz como nadie de poner el dedo en la llaga del problema. De atacar directamente a la moral burguesa e indignar al más libertino de los lectores. En “Serotonina” lo intenta. Supongo que a los lectores enamorados con la obra – que no dudo que los habrá – les flipa su existencialismo. Su nada. Su depresión posmoderna a la que inevitablemente lleva el mundo occidental. Su fracaso.

A mí, me aburre.

Y si, ya sé que todo en el libro está escrito en una dirección. Su retrato de la depresión y bla, bla, bla. Prefiero al tío sin moral de la ya mencionada Plataforma que se folla a niñas tailandesas. La paranoia del Mapa y el Territorio. O incluso las consecuencias de las elecciones en Sumisión. Supongo que es cuestión de gustos.

Spoiler. Aunque visto con perspectiva, no creo que tuviera sentido con el desarrollo del personaje, yo hubiera matado al niño de un tiro en la cabeza. Puede que se hubiera cargado la novela, pero creo que el conjunto encajaría mejor con el conjunto de la obra del francés. Qué le vamos a hacer.

Y cierro con una cita del libro. Que, al fin y al cabo, es Houellebecq.

(…) los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado, en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada de la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento. (…)

Homo Deus. Breve Historia del porvenir – Yuval Noah Harari Una mirada hacia delante

Homo Deus es un libro largo. De aquellos que por datos, detalles precisos y citas de autor se hacen prácticamente inacabables. Un libro que requiere de un esfuerzo. Que es capaz de monopolizar todas tus conversaciones y que, como su hermano menor Homo Sapiens, se vuelve imprescindible para el lector paciente.

Y lo es a base de preguntas. A base de teorías poco descabelladas nunca antes formuladas y a base de ciencia, mucha ciencia.

Su planteamiento simple: ¿Qué pasará con la humanidad dentro de un milenio? ¿Hacia dónde avanza nuestra sociedad? Y a partir de aquí, respuestas más o menos acertadas. Caminos transitables y puertas abiertas.

Punto de partida
Aunque el libro en sí resulte una delicia, Harari condensa todo lo necesario de su obra en un brillante primer capítulo (lector perezoso o falto de tiempo, no hay excusa).

En él – zona spoiler científico- identifica los tres principales problemas de la sociedad humana hasta nuestros días: las guerras, las enfermedades y las hambrunas. Se eleva a mil metros de distancia y, tras atreverse a darlos por resueltos, plantea los que serán los problemas humanos más importantes para el próximo milenio: la inmortalidad, la búsqueda de la felicidad y la incorporación de tecnología en el ADN del homo sapiens (Adiós viejo simio, hola Homo Deus!).

Con este punto de partida, construye un ensayo con mayúsculas, cuyo principal atractivo es el hecho de ser capaz de dejar todos los detalles de lado y empezar a pensar el futuro con una perspectiva completamente libre y sin ataduras. Imaginando un mundo a mil, dos mil o incluso cinco mil años vista.

Creando líneas maestras.

Hablando y teorizando sobre aquello que tenemos justo delante pero no nos atrevemos ni tan siquiera a imaginar.

El universo en tu mano – Christophe Galfard Divulgación científica de la buena

Puede que hayas llegado a esta reseña buscando una confirmación sobre si deberías o no deberías leer este libro. Puede incluso que nunca en tu vida te hayas planteado abrir un ensayo científico y que, ante la insistencia de ese compañero/a tan pesado, hayas decidido bucear un poco por internet en busca de más información. Incluso puede que sepas de qué va todo esto del espacio exterior y tan solo busques carnaza sobre el estilo y las formas de Christophe Galfard como divulgador.

Seas quién seas y sea como sea, no lo dudes más. Debes leer El universo en tu mano.

Y lo debes hacer ante todo por su sencillez. Por su ambición a la hora de condensar todo lo que sabemos sobre el espacio en una obra amena e instructiva, capaz de dejar al lector con una placentera sensación de satisfacción intelectual. Porqué el Universo en tu mano es uno de esos libros únicos en su especie, capaces de despertar en el lector algo tan puro y tan imprescindible para el progreso humano como es la curiosidad.

El Autor
Si algo se le demanda a un divulgador científico a la hora de ser leído es rigurosidad. Demasiados charlatanes invaden el mundo con sus tonterías y sus pseudociencias como para perder el tiempo leyendo a quien no merece ser leído. Christophe Galfard invoca al maestro para captar nuestra atención. Se trata de uno de los discípulos del gran Stephen Hawking.

Palabras mayores para un autor consagrado en el género y para una obra a la que ya podemos llamar (nunca vamos a perder la fe en la humanidad) best-seller.

Editado en español por nuestra admirada Blackie Books (a la que aprovechamos para aplaudir por su decisión de apostar por la divulgación científica), se trata de una obra sencillamente imprescindible. Un viaje por el cosmos, el saber y el verdadero sentido de la palabra ciencia.

Petirrojo – Jo Nesbo A la tercera va la vencida

Empecé las aventuras de Harry Hole con el Murciélago y me pareció una obra juvenil aunque leíble. Continué con Cucarachas e hice bueno aquello de las segundas partes nunca fueron buenas. Ya casi sin ánimos y bostezando me aventuré con el Petirrojo, la que es ya la tercera parte de las famosas aventuras del inspector noruego.

Y esta vez sí. Por fin, topé con un libro memorable.

Puede que exagere, es cierto. De hecho eso espero, puesto que me quedan nueve libros para acabar la saga. Hasta puede que memorable no sea precisamente el mejor adjetivo para describir la obra. Pero por primera vez tiene sentido utilizar la palabra literatura para referirse a la obra del famoso detective.

Los ingredientes
Oslo. Una historia (por primera vez) contada por alguien más que el propio Hole y la libertad de reinventarse a uno mismo. El Petirrojo es antetodo una novela histórica. Un relato de detectives que juega a ser novela negra para acabar explicando entrelíneas mucho sobre la realidad norte-europea.

Fuera morbo y corsés, Nesbo construye una novela (¡por fin!) adulta, cocinada a fuego lento en un ambiente que le es conocido, donde los personajes pueden ser ellos mismos sin necesidad de un guía turístico.

Una historia de nazis. De dolor, pérdida y humillaciones. Pero también de supervivientes. De heridas abiertas y cicatrices. Una historia libre, capaz de reescribir el futuro de una saga que parecía condenada -por más best seller que fuera- a la pura irrelevancia.

Bien Nesbo. Este es el camino