Peyton Place (Pueblo pequeño, infierno grande) – Grace Metalious Un libro en blanco y negro

Peyton Place (Pueblo pequeño, infierno grande) - Grace Metalious

En el mundo del deporte, y estoy pensando en el fútbol, aunque supongo que la metáfora puede aplicarse a todas y cada una de las disciplinas atléticas, existen jugadores capaces de lo mejor y de lo peor. Auténticos virtuosos con el balón, expertos en fallar goles a puerta vacía de forma incomprensible, que tras cinco minutos son capaces de levantar estadios enteros con remates imposibles.

Algo así me pasa con Peyton Place (Pueblo pequeño, infierno grande), una olvidada obra norteamericana editada a principios del siglo XX, rescatada del baúl de los recuerdos por Blackie Books para el nuevo milenio. Un libro denso, testimonio directo de una época perdida en el tiempo, lleno de virtudes y de pasajes realmente brillantes, que al igual que el futbolista intermitente, es capaz de despertar amor y odio por partes iguales.

Y es que a pesar de contar con todos los ingredientes esenciales para convertirse en lo que podríamos considerar como una obra maestra (su detallada descripción de los valores y las costumbres de la sociedad americana de principios del siglo XX es realmente remarcable), falla en algo realmente imperdonable:

Es aburrido.

Y no me sirven excusas de la época, el contexto, la traducción o la distancia. Fitzgerald nunca fue aburrido y me jugaría parte de mi biblioteca a que Grace Metalious deboró sus novelas con sumo interés antes de atreverse a catalogarse como escritora.

Éxito de ventas

Pero el libro fue un éxito en su época. Más de 30 millones de copias vendidas, número uno en la lista de best sellers del New York Times en 1956 y la siempre atractiva etiqueta de “escándalo” literario grabada a fuego en cualquiera de sus ediciones, lo convierten en una obra clásica (le pese a quien le pese) de la literatura contemporánea occidental.

Algo así como una película de TCM Classics que todos sabemos que resulta imprescindible para entender la historia del cine (véase el Hombre que sabía demasiado del mítico Alfred Hitchcock) pero que pocos días al año estamos dispuestos a consumir con entusiasmo.

Una pena. Sentimientos encontrados en un libro imprescindible solo apto para valientes. Lo demás, puro márqueting.

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